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Martes, 06 Abril 2010 20:14

Rumbo a Minas por la panorámica: regocijo de sentidos entre rumores y leyendas

por Lucía Inés Bagnasco
Que una ruta, “la 60”, deje de llamarse tal y pase a ser conocida popularmente como “la panorámica” no es poca cosa; que cada lugar encierre leyendas indias, criollas o españolas, tampoco.

El sábado pasado, seguramente atraído por las mentas del lugar, un equipo del programa “Destinos” de la Cadena televisiva CNN en español, que conduce el periodista Darío Klein recorrió  los paisajes de las sierras de Minas en Lavalleja, preparando una edición especial.

El trayecto comenzó en el cerro Arequita, pasó por la más que centenaria Confitería Irisarri (1898) y partió hacia la Estancia “La Salamora” donde fueron recibidos por autoridades del departamento de Lavalleja recorriendo y admirando el entorno de fauna y flora que sus propietarios protegen con la colaboración del Banco Mundial y la Comunidad Económica Europea.

En horas de la tarde del lunes, los integrantes del equipo periodístico de la cadena norteamericana visitaron el  llamado Castillo de Batlle,  para terminar en el Templo Budista que desde hace unos años eligió el lugar por la paz y la energía que transmite, terminando en Villa Serrana y el Salto del Penitente.

La Panorámica es la ruta que une la ciudad de Pan de Azúcar en Maldonado, con Minas en Lavalleja, un serpenteante camino entre valles y cerros con increíbles paisajes.  Las curvas no admiten grandes velocidades, pero tampoco se desean pues el paisaje es tan admirable que invita a contemplar.
A lo lejos se divisan antigüas minas, que supieron ser de oro y que dieron nombre al lugar.

Según cuenta el gobierno municipal  las primeras noticias de la existencia de minerales preciosos en ésta tierra parecen haber sido originadas por un aventurero francés llamado Petitvenit, unos cuarenta años antes de la fundación de la Villa de la Concepción de las Minas. Este hombre recorrió parte de la región de la actual Cuchilla Grande, y las zonas aledañas al valle serrano allá por la década de 1740, y remitió a España lo que parecían ser, a su juicio muestras de oro y piedras preciosas.

La corona, ávida como estaba de nuevas fuentes de riqueza, decidió comisionar al coronel de Dragones Antonio de Escurruchea, quién primitivamente se dirigía al Potosí para verificar el aserto de Petitvenit. Al parecer resultó así, ya que pocos años después, más precisamente en 1751, el Rey de España decreta ayuda para los vecinos de Montevideo que desean explotar los yacimientos de la zona.

Allá por el año 1760 las serranías ven arribar a Don Cosme Alvarez, vecino de Montevideo, español emprendedor y tozudo, empeñado en su aventura, llegó decidido a jugarse por entero en pos de ilusión, la eterna ilusión de los buscadores: dar con la veta que, más que hacerle un hombre rico, transformará su vida, e hiciera palpable su anhelo. Don Cosme realizó las primeras prospecciones en el entorno de la, por aquellos, inexistente Villa.....y se dio por vencido cinco o seis años después, sin haber alcanzado su sueño.
 
Posteriormente, en los alrededores se localizaron algunos yacimientos, con los de Arroyo Campanero Chico y los de “el Soldado”, pero el más prometedor fue localizado en la que hoy se conoce como Minas Arrospide ó más popularmente "Minas De Oro". En la misma se comprobó la existencia de cuarzo aurífero, con un tenor de nueve gramos del preciado metal por toneladas, valor que hacía rentable su extracción: Años después fueron otros quienes catearon la Mina, iniciando el hoy llamado pozo de la Calavera.

La excavación se encuentra a unos siete kilómetros al este del centro de la Ciudad de Minas, y años más tarde fue adquirida por el Sr. Arrospide, de quién adquirió su renombre. En el mencionado pozo de la Calavera, y al llegarse a una profundidad de catorce metros, se comenzó a extender una red de galerías y nuevos pozos que en 1938, ya superaban los mil metros de extensión. Fue en éste año que se suspendieron los trabajos, quedando el lugar abandonando por décadas. Andando los años, y ante el peligro representaban algunas galerías precariamente apuntadas y profundos y pozos inundados, el ente estatal que arrendaba, Usinas y Teléfonos del Estado,  decide tapiar su entrada evitar accidentes a los aventureros que nunca faltaban en la zona.

Más la pasión por la aventura terminó por triunfar y a posterior se la acondicionó. Se apuntalaron algunas galerías, y se instaló una red de iluminación para que el público pudiera visitarla. Así los primeros turistas de la era moderna fueron emocionándose ante la vista de los cuarzo auríferos que brillan en las paredes, y escuchando en el silencio añejo los ecos retumbantes de las vagonetas que llegaban desde el fondo de los túneles, cargando, más que piedras, esperanza.

La llegada a la ciudad de Minas, viniendo desde el este, es a través de un antiguo puente con altas arcadas, y así llegar a la que seguramente es la única plaza principal del país donde el monumento ecuestre que la preside no es del héroe nacional Gral. Gervasio Artigas, sino del Brigadier General Juan Antonio l Lavalleja, también héroe de nuestra independencia y protagonista de nuestra cruzada libertadora.

Es que aquí nació el libertador y así lo testimonian su casa natal y su partida de bautismo que se guarda en la catedral que nuevamente, lejos de las costumbres de urbanización españolas de la época, no se encuentra sobre la plaza sino a una cuadra, aunque eso si, con acceso a ella por un amplio y colonial callejón.

No obstante, Artigas si, ha recibido el homenaje de su pueblo, sobre el antes llamado Cerro Ventura, a 280 mts sobre el nivel del mar y soportando vientos de hasta 220 km por hora se encuentra su monumento ecuestre, el que se dice es el más alto de Sudamérica y uno de los más grandes del mundo, 10 metros de alto más la base.

A sus pies se reúnen multitudes cuando en el marco de la Semana de Lavalleja, se realiza la “noche de los fogones” y con las únicas lunes de los miles de braseros se canta “A don José”.

Como todos los sentidos están indisolublemente unidos a Minas, es con otra canción que el reconocido Santiago Chalar homenajeó a su ciudad, en lo que ha resultado ser un verdadero himno de estas sierras: “Minas y abril”.


Paseo obligado es, naturalmente, el Parque Salus y su fuente del Puma

Cuenta la leyenda que un puma descubrió una fuente de la que manaba un agua totalmente diferente. El animal guardaba celosamente el lugar, no permitiendo que nadie se acercara, hasta que un día, toleró que los troperos y carreros bebieran el extraño líquido. Estos fueron los primeros en testimoniar las propiedades curativas del agua, y entendieron que el puma, desaparecido físicamente les legaba el secreto y la responsabilidad de cuidar el agua y su entorno.

Aun hoy hay quienes juran que han visto la silueta del puma entre el follaje del lugar. Lo cierto es que la fuente realmente existe y fue conocida como “la fuente de los talas de la salud”, haciendo referencia a los árboles que la rodean y el vigor que brinda el agua a quienes la beben. Solo que con el tiempo se la pasó a conocer como Fuente del Puma, el manantial  se encuentra a 268 mts sobre el nivel del mar y tiene un caudal constante las 24 horas del día.

Su origen y recorrido subterráneo logran que posea una composición única, con bajas cantidades de minerales y sodio pero buena nutricionalmente por lo que, una vez más, la sabiduría popular se adelantó a los estudios de laboratorio.

La Compañía Salus, indiferentemente de quienes sean sus propietarios y que estos varíen o no, ha sabido aprovecharla comercialmente pero también, brindar gratuitamente un lugar excepcional como paseo, manteniendo  todo el cerro con un conservado monte indígena, salpicado con especies de Africa y Asia, amplios miradores y bancos en piedra  semi cubiertos por la vegetación, para culminar el paseo junto a la famosa fuente.

El cerro de la Virgen del Verdun, es otro paseo obligado, ya sea por motivos religiosos o no. En realidad el nombre es una deformación del apellido de su primer poblador, Dn  Juan Bautita Berdum, y la virgen es la de la Inmaculada Concepción. Se encuentra a 360 mts sobre el nivel del mar y miles de fieles la visitan anualmente además de brindar un inmejorable espectáculo de los alrededores y de las canteras que horadan los cerros vecinos y que han pasado a ser también parte del atrapante paisaje.
El recorrido no estaría completo si no se llega al Cerro Arequita, al ventorrillo de la Buena Vista en el Valle de la Alegría, a la vertiente del Hilo de la Vida en el Cerro Negro, la Gruta de los Murciélagos,  o la Laguna de los Cuervos,  pero por allí… si no van antes…. los llevo otro día.
   

 
   

























                                                                    Vista del Cerro Arequita
 
                                                                               La Salamora
 
                                                                        Cerro del Penitente
 
                                                                    Posada  Villa Serrana
 

                                                  Vista de la panorámica Ruta 60


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