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Vargas Llosa en Punta del Este, visitó el Parque de las Esculturas de Atchugarry

Vargas Llosa en Punta del Este, visitó el Parque de las Esculturas de Atchugarry

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por Déborah Friedmann
Su última visita al balneario había sido en 1998 y quedó admirado que a pesar del crecimiento "..ha conservado todavía su encanto de ciudad jardín. El paisaje no ha sido destruido por la cantidad de nuevos edificios y de nuevas casas, y además me alegra mucho ver al Uruguay creciendo, desarrollándose, modernizándose", según declaró a El País.


"Ahora tengo más responsabilidad"

Vargas Llosa en Punta El Nobel de Literatura visitó la Fundación Atchugarry Dijo que Uruguay fue siempre la excepción a la regla y elogió la política económica Contó sobre su próxima novela

Distendido y curioso, Mario Vargas Llosa visitó la Fundación Atchugarry. Elogió el modo de crecimiento de Punta del Este y la política económica del gobierno. Tras el revuelo por el Nobel retomó su ritmo de escritura: trabaja en un ensayo y una novela.

Una decena de personas -entre ellas el ex director del Museo Nacional de Artes Visuales, Ángel Kalenberg, los artistas plásticos Miguel Ángel Battegazzore y Jorge Nogués, y el arquitecto Leonardo Nogués- esperaban al atardecer del jueves al premio Nobel en el Parque de las Esculturas de la Fundación Atchugarry, en Manantiales. Llegó poco antes de las 21 horas, acompañado por su esposa, el ex presidente Julio María Sanguinetti y Marta Canessa.

Lo primero fueron las presentaciones. "¿Viste el cuadro negro y blanco que había en el living de (Enrique) Manhard? Lo hizo él", dijo Sanguinetti a Vargas Llosa, en referencia a Battegazzore. "Tengo uno para usted", acotó el artista en la puerta del taller Atchugarry. Más tarde le entregaría una obra de su serie Homenajes, en este caso al escritor peruano José María Arguedas.

En la antesala, Atchugarry le explicó algunas características de su obra como la verticalidad, con la que simboliza la unión entre la tierra y el cielo.

"¿Hace bocetos?", le preguntó Vargas Llosa. "Antes sí, ahora entendí que con dos dimensiones no voy a pretender llegar a la tercera dimensión. Fui sintetizando el proceso de creación", señaló.

Una vez dentro del taller, el Nobel vio varias obras de Atchugarry, que elogió -"qué bonito", repetía. También se refirió al mármol con el que trabaja el escultor -"un material tan sólido y tan delicado"- y ponderó los pliegues que logra el artista.

Una consulta del escritor -"¿siempre trabajó en mármol?"- dio el pie para pasar al próximo espacio, una sala de exposiciones de obras de diferentes etapas en la creación de Atchugarry, entre las que hay esculturas de cemento.

Mientras observaban las piezas, llegó el empresario y escritor argentino Alejandro Roemmers. "La Sociedad Argentina de Escritores me dio a mí el premio a la mejor novela 2009. Lo invitamos a Buenos Aires, pero lamentablemente no pudo ir", le dijo a Vargas Llosa, con quien tiene "varios amigos en común".

El parque de 15 hectáreas en las que hay esculturas de diversos artistas fue el próximo punto del paseo. "Haber venido fue una brillante idea", destacó el Nobel. Elogió el paisaje de la zona, en la que no había estado hasta ahora. Sí había visitado el balneario en 1998.

"Mi recuerdo de Punta del Este es el de un balneario mucho más pequeño pero me alegra mucho ver que a pesar de haber crecido tanto, ha conservado todavía su encanto de ciudad jardín. El paisaje no ha sido destruido por la cantidad de nuevos edificios y de nuevas casas, y además me alegra mucho ver al Uruguay creciendo, desarrollándose, modernizándose", dijo Vargas Llosa a El País.

-¿Por qué pone a Uruguay como ejemplo?

-Uruguay fue siempre una excepción a la regla. Es muy estimulante ver que ahora Uruguay está saliendo adelante, que está prosperando. Que al mismo tiempo que ha habido una transformación política muy grande con la subida del Frente Amplio, la democracia se conserva, que la democracia no se ha deteriorado, que hay una política económica muy moderna que está trayendo a Uruguay muchos beneficios. Eso es muy bueno para el resto de América Latina, un tipo de ejemplo de lo que debe ser la institucionalidad, legalidad, libertad, al mismo tiempo que se renuevan en el gobierno los distintos partidos políticos, pero siempre dentro de una coexistencia civilizada.

Durante esta visita a Punta del Este, Vargas Llosa se refirió públicamente más a cuestiones políticas que literarias. También se quejó del revuelo periodístico tras haber logrado el Nobel.

-¿Siente que sus opiniones sobre temas políticos ahora pesan más?

-Eso no lo puedo saber yo. No creo que el Nobel me vaya a cambiar. En lo fundamental creo que voy a seguir siendo la misma persona, como escritor, como ciudadano, pero quizás el hecho de haber recibido ese premio que concita tanta curiosidad periodística haga que las opiniones tengan mayor repercusión y quizás sean sometidas a un filtro crítico mayor.

-¿Qué desafíos tiene ahora?

-Una cierta responsabilidad, un poco más de rigor a la hora de escribir, a la hora de opinar, pero en lo fundamental no creo que vaya a cambiar nada.

-¿Está escribiendo?

-Sí, siempre que los periodistas me den un espacio para poder escribir.

-¿Pero pudo volver a la rutina o aún no?

-Ahora sí he vuelto. Desde que regresé al Perú he podido encerrarme.

-¿Trabaja en una novela ambientada en Perú?

-He estado trabajando en un ensayo que se llama La civilización del espectáculo, que prácticamente está terminado, que lo voy a dejar descansar un tiempo. Y estoy empezando a tomar nota para una novela, situada sí en el Norte del Perú, muy cerca del Ecuador, (en un sitio) que se llama Piura, donde viví de niño, que ha sido escenario de otras novelas mías y que está experimentando un fenómeno muy interesante y que es el de casi todas las ciudades de la costa del Perú: gran modernización, prosperidad, crecimiento de la clase media, y junto con eso positivo, una cosa negativa, que es el crecimiento de la delincuencia, de la violencia, una transformación un poco traumática de la ciudad. Es una novela situada en ese contexto, un proyecto todavía.

"¡Salud!"

El atardecer en el parque atrapó al Nobel -"¡qué colores!"-, y se detuvo a observarlo desde una terraza mientras sonaba Iron lion zion de Bob Marley. Consultó sobre el escenario y escuchó atentamente a Atchugarry contándole que todas las actividades y espectáculos son gratuitos y que escolares y liceales visitan constantemente la Fundación. "Juegan a la escondida entre las esculturas", le explicó el escultor. "Es muy interesante esta experiencia, es muy integrador para la cultura", le contestó el Nobel.

Luego, recorrieron la exposición Art first, del Macba, un museo en formación en Buenos Aires, que presenta en la fundación un avance de su colección que exhibirá a partir de fin de año en San Telmo, con obras de artistas como Julio Le Parc y Roberto Aizenberg.

Mientras terminaban el recorrido, un mozo ingresó a la sala con una docena de copas de champagne. Las repartió y cuando estaba por terminar, tomó una copa y la chocó con la de Vargas Llosa. "¡Salud!", le dijo al Nobel. "¡Salud caballero!", le respondió sonriente el escritor.


fuente: El País Digital