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Turismo, inversión e infraestructura

Turismo, inversión e infraestructura

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por Luis Alejandro Rizzi
desde Buenos Aires

Días pasados asistí a una reunión en la que se discutía la necesidad de inversión que necesitaba un proyecto político para potenciar el turismo. Los términos del debate no dejaban de ser interesantes pero en mi opinión adolecían de esa típica miopía que afecta a los “especialistas” que en definitiva generalizan desde una parte o un segmento al que luego confunden con el “todo”.


El turismo es una actividad comercial, profesional –como cualquier otra- que como todo negocio debe respetar ciertos principios que le son propios.
El objetivo del turismo no es hacer beneficencia sino ganar dinero y nos basta con tomar el ejemplo de ESPAÑA que tiene por este concepto un ingreso promedio de u$s 50 mil millones por año.

Es cierto que el turismo requiere inversiones propias del mismo modo que la industria necesita inversiones para construir una fábrica o un comerciante para instalar cualquier tipo de negocio.

También debe haber un determinado nivel de inversión para educar y entrenar a todas aquellas personas que optan por vocación o por conveniencia, por oportunidad o por cualquier otro motivo por este oficio.

Estos dos casos deben ser financiados por la iniciativa privada, por lo menos en todo sistema político que respete los derechos de propiedad, de trabajar y sobre todo garanticen la libertad de elección de las personas sobre su destino.

La cuestión se plantea cuando hablamos de inversión del Estado.

La pregunta sería ¿el Estado debe invertir para facilitar la industria del turismo?.

Desde ya adelanto mi respuesta negativa.

El estado puede facilitar la inversión privada mediante la creación de regímenes especiales temporarios cuyos beneficios deben ser inversamente proporcionales a los riesgos asumidos por los inversores. Dicho en otras palabras, a mayor riesgo mayores beneficios ya sea en cuanto al plazo de vigencia o bien en cuanto a su magnitud.

La inversión pública o inversión del Estado debe estar dirigida tanto en las obras de infraestructura como de servicios no a un sector especifico sino que deben satisfacer intereses generales.

Es mas importante contar con buenos sistemas de educación, buenos sistemas hospitalarios, buenos sistemas de transporte, buenas rutas, buenos servicios ferroviarios, buen sistema carcelario que con uno o mas lugares de atractivo turístico.

Esa buena infraestructura facilitará el desarrollo y en su caso nuevos emprendimientos de actividades económicas incluida la turística.

Más de una vez me pongo a pensar con referencia a la costa de playas de la provincia de Buenos Aires desde Pinamar a Mar del Plata  y Miramar el desperdicio económico que significan.

Mar del Plata es una ciudad que tiene una población estable de unos 600 mil habitantes, pero tiene una capacidad para albergar mas de un millón y medio, cantidad que solo se logra unos pocos meses al año.

Lo mismo pasa con PIANAMAR, OSTENDE, VALERIA DEL MAR, CARILÓ, VILLA GESELL y MIRAMAR  que fuera de temporada son casi ciudades fantasmales cuando paradójicamente miles de personas viven en las llamadas “villas” instaladas en plena capital federal y gran Buenos Aires.

Por otra parte ese desbalanceo hace que quienes desarrollan actividades vinculadas al turismo deban recaudar en cuatro o cinco meses lo necesario para mantenerse todo el año lo que de por si significa un costo “extra” que pagamos los llamados “turistas” e impacta negativamente en nuestro nivel de vida.

Resulta insólito que el alquiler de un sitio en un balneario, las llamadas “carpas” tengan un costo que equivale a más de la mitad de lo que cobra por una habitación doble uno de los hoteles de “tres o cuatro estrellas”. Es un pedazo de lona y cuatro postes contra una construcción.

En general PINAMAR, VILLA GESELL y MIRAMAR cabeceras municipales no tienen actividad económica alternativa. Son ciudades eminentemente “turísticas” para ser utilizadas lo reitero no mas de tres o cuatro meses al año. ¿Se justifica? ¿Es socialmente justo?
Mar del Plata tuvo en algún momento una buena industria textil y pesquera. La primera desapareció casi durante la década del 90 ya que en general no pudo resistir la competencia internacional debido mas que nada a la falta de inversión y modernización de los sistemas de producción. La industria pesquera a su vez  no estuvo a la altura de los tiempos y no pudo soportar la competencia de los buques “factoría”.

Esta experiencia nos demuestra como ante la falta de competencia o la vigencia de los diversos sistemas “proteccionistas” en definitiva termina siendo perjudiciales para todos en el mediano o largo plazo.

Como consuelo queda que en los últimos años se logro extender la temporada “turística” mediante la celebración de diversos eventos pero cuya magnitud aun resulta insuficiente, resultando difícil la competencia con Buenos Aires por la falta de buenos sistemas de transporte, prácticamente limitados - fuera de temporada - a los servicios de ómnibus; el servicio ferroviario es precario y los servicios aéreos muy limitados ya que la disminución de las actividades económicas “extra turísticas” impactó negativamente en los niveles de ocupación y de demanda.

Días pasados me contaba un viejo amigo radicado en MAR DEL PLATA desde hace mas de 50 años que gran parte de la edificación se produjo a partir del 50 mediante la inversión de “black Money” dado que en esas épocas los controles fiscales eran casi inexistentes.

Con dinero fácil se hacen inversiones con escasa o nula rentabilidad, que luego en épocas normales cuesta justificar y mantener. Eso explica el actual nivel de deterioro de muchas de las construcciones de la ciudad consecuencia de su baja calidad y el elevado costo de mantenimiento.

Para ir concluyendo los estados deben invertir para satisfacer el bien común, la razonabilidad de las inversiones públicas facilitará el desarrollo de las actividades económicas, el turismo incluido.

Un buen ejemplo puede ser el caso de SAN CARLOS DE BARILOCHE que prácticamente se ha convertido en un destino turístico de todo el año sorteando la estacionalidad de enero y febrero  e invernal de julio y agosto, por otra parte limitada a un cierto nivel social, que hoy llamaríamos ABC1.
 
En este desarrollo tuvo mucho que ver BILLY REYNAL allá por la década de fines del 60 y del 70 que con AUSTRAL y la incorporación de los BAC 1-11, LAGOS DEL SUR y SOL JET comenzó a estirar la temporada mediante el impulso de los “IT” convirtiendo a su vez a  BARILOCHE en un destino accesible para todos.
 
En términos de progresismo diría que REYNAL contribuyó a “democratizar” a SAN CARLOS DE BARILOCHE.

Bariloche es un caso de una ciudad turística sustentable