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¿¡Climategate!?

¿¡Climategate!?

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La página 18 de “El Observador” del pasado día 9 luce como título “Espías calientan Copenhague”. Para el común de la gente, esto puede hasta parecer de risa: ¿espías en una conferencia técnica? Puede parecer descabellado, pero es peor de lo que cualquiera imagina.


¿Tiene valor la información climática?

Sí, y mucho si es bien utilizada. Su valor socioeconómico está dado por su influencia en los mercados de futuro de granos y carnes, en la planificación de la producción agropecuaria y de las obras de ingeniería, especialmente las grandes obras vinculadas al sector energético, y podríamos seguir pues no hay ninguna actividad del ser humano que no esté directa o indirectamente vinculada con el tiempo (meteorológico) y el clima.

Pero aún es posible agregarle otro valor: el geopolítico. Y es éste el que más pesa en Copenhague. En estas dos semanas se cruzarán intereses políticos, económicos, científicos … y ambientales.

Algunas de las decisiones que están en juego.

No están en orden de importancia, sino de visibilidad para el ciudadano del mundo.

1)    Reducción de las emisiones de CO2. Quién tiene que reducir y hasta qué punto. Esto afecta a los países productores de petróleo y carbón, las matrices energéticas de todos los países, costos de producción y de transporte, políticas de desarrollo de fuentes de energía alternas (solar, eólica, hídrica, nuclear).

2)    Derechos de emisión o “bonos verdes”. Determinarán el valor de las reservas forestales, quién tiene margen para seguir incrementando su parque industrial (con todo lo que ello significa en el crecimiento económico de un país) y posiblemente quién deba pagar para poder hacerlo.

3)    Distribución de varios miles de millones de dólares en ayudas para mitigar los impactos, para el monitoreo y para el desarrollo de nuevos estudios.