Jueves, 24 Diciembre 2009 06:39

La Navidad, la economía, el turismo y nosotros.

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por Alejandro Butler
Para una parte importante de nuestras sociedades latinoamericanas, la navidad es la celebración del nacimiento de Jesús. Podríamos decir que es el cumpleaños de Jesús. Ese personaje tan seductor, que marcó la historia, más allá de que uno pueda creer o no su carácter de Hijo de Dios. Y como todo cumpleaños, se trata de una celebración de la vida; es celebrar el nacimiento de alguien
.


En este caso y para los no creyentes, el de alguien lejano en la historia, que generó un ritual costumbrista y nada más.

Sin embargo para quienes somos creyentes, Jesús vive en nosotros a través de sus enseñanzas y valores, cada vez que tenemos la oportunidad de ponerlas en práctica.

Es así que creyentes y no creyentes han adoptado en el mundo occidental la costumbre, similar a la de un cumpleaños, de hacerle regalos al cumpleañero, en este caso a Jesús, y como aparentemente no está, la única forma de hacerlo es regalar a quienes amamos, ya que creemos que está presente en cada uno de nosotros, cuando seguimos sus enseñanzas y precisamente, cuando amamos.

No es poca cosa, porque detrás de cada regalo que hacemos, a veces más conscientes de su simbolismo y otras más como una frívola rutina, se esconde, además del fenómeno religioso más o menos consciente, un fenómeno emocional, social y económico que marca la dinámica de nuestras sociedades y nuestros comportamientos como personas.

Emocionalmente, para cada uno puede significar algo diferente. Conozco personas para quienes la navidad es un momento triste porque solamente recuerdan a quienes ya no están. Otros (me incluyo), lo vemos como una oportunidad de renovar los vínculos, de agradecimientos y de renovación de los valores, de la confianza y de los proyectos futuros.

En lo social, genera espacios de encuentro, saludos, regalos y buenos deseos cruzados que suman una energía positiva para iniciar cada año calendario con las pilas cargadas. Supone un momento de contactos y oportunidades, de fortalecer las redes sociales en las que todos participamos (desde mucho antes de la existencia del Facebook), y de las que nos nutrimos, contrastando opiniones, visiones de la realidad, reflexiones sobre todo tipo de cosas que suceden alrededor nuestro.

Los medios de comunicación masivos no hacen otra cosa que alimentar esas redes con contenidos sobre los que opinar. Muchos de nosotros tendremos en esta navidad la oportunidad de comentar y compartir reflexiones sobre los grandes hechos del año. Eso alimenta nuestra percepción de las cosas y nuestra capacidad para mantener viva nuestra escala de valores y nuestros criterios para evaluar lo que está bien y lo que no.

A nivel económico, esos movimientos sociales tienen un gran impacto también. Por los regalos, por los mensajes, por los viajes para reencontrarnos con los seres queridos o para irnos a descansar después de un año de trabajo.

 Para las empresas de transporte son una zafra muy especial. Son el momento en el que los viajes de negocios dejan pasado al llamado transporte “étnico” y sin duda para el turismo.

El primero vinculado precisamente al traslado de personas que no viven en sus lugares de origen y viajan en estas fechas a reencontrarse con sus familias y el segundo, asociado al descanso.

El propio Jesús, cuando nació, lo hizo en un momento en donde en su tierra, el traslado de las familias tenía lugar en forma masiva por motivo de un censo. Si hubiera habido aviones en aquella época, tampoco hubiera sido fácil encontrar lugar en esas fechas, y de hecho los padres de Jesús no encontraron alojamiento en ningún hotel y debieron terminar en un pesebre (si hubieran tenido internet en aquella época, José podría haber hecho una reserva con antelación y conseguir una buena tarifa!).

Tanto los regalos como las comunicaciones y el descanso generan también una gran oportunidad para retroalimentar la actividad económica, creando más empleos y moviendo la economía en la zafra más importante del año para el comercio en general y para el turismo en particular.

Para las personas, empresas y países, para quienes el turismo es una actividad económica relevante, como el caso de Uruguay, esta semana de la navidad debiera servirnos para fortalecer nuestras redes y cargar nuestras pilas, literalmente, con energías positivas, que contagien emocional, social y económicamente a quienes nos rodean.

Que nos preparen para producir (dar y recibir) el máximo provecho posible de esta circunstancia tan particular que repetimos cada año, por el bien de todos. Navidad, Fin de año, Vacaciones de verano, Carnaval, Vuelta a clases, Semana Santa, Día de la Madre, Vacaciones de Julio, Día del Niño, Semana de la Primavera, y otra vez Navidad… así transcurre cada año, cargado de momentos significativos que son oportunidades de reflexión, de acción y de encuentros, para poner lo mejor de nosotros al servicio de un mejor futuro para todos.

Se trata de comunicarnos mejor y ayudar a que otros también lo hagan. En eso estamos. Feliz navidad!

 
www.portaldeluruguay.com

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