En la mañana del 7 de diciembre de 1941 La Marina Imperial Japonesa lanzó su ataque a Peral Harbor. El ataque sorpresa a la base militar estadounidense, en la isla de Ohau en Hawai, fue dirigido a la Flota del Pacífico de la Marina de Estados Unidos y a las fuerzas aéreas que defendían la zona. Las versiones más clásicas del cine tienen su punto más fuerte en el momento mismo en que el cielo, de repente, parece oscurecerse por la cantidad de aviones que comenzaban a bombardear uno de los enclaves más estratégicos de la zona del Pacífico. La escena más recordada es, a nuestro juicio, la toma previa al bombardeo, cuando en el cielo casi no había lugar para más aviones japoneses, pues, lo habían cubierto todo.
Nos han llegado informaciones que, salvando las distancias, indican que en Uruguay estaría por suceder algo muy parecido. El cielo comenzaría a cubrirse de aviones. Claro, por suerte, los motivos son muy diferentes a los de aquella batalla. No sería por asuntos militares que esto acontecería, sino que, la explicación estaría fundada en el buen momento por el que nuestro país atraviesa desde el punto de vista de la aviación comercial. A los públicos anuncios realizados por parte de los nuevos administradores de PLUNA, referidos a la llegada de decenas de aviones y la concreción de Montevideo como hub (centro de distribución) regional, se suman otros emprendimientos. Algunas aerolíneas que ya operaban en nuestro medio con una frecuencia diaria durante algunos días de la semana o durante todos los días, han intentado aumentar sus operaciones.
Con diferente éxito (algunas se quedaron en el intento, otras lo hicieron y no pudieron sostener sus costos, otras han ampliado sus rutas y las sostienen, etc.) las empresas de aviación han visto en Uruguay una plaza, por lo menos, a tomar en cuenta de una manera diferente a la forma en que se lo estaba haciendo. La "invasión" de aerolíneas centroamericanas (llegarán más, y de importante porte) al territorio uruguayo se suma a las intenciones ya descriptas. Pero quienes hace un tiempo estamos vinculados a la industria aeronáutica no podemos, por responsables, mirar el cielo, no con poca confianza. Y no se trata de aclarar la duda acerca de si el cielo se cubrirá de aviones de guerra o de aviones comerciales. No se trata de eso. El asunto es que no han sido pocos los emprendimientos que por nuestros cielos han durado poco y nada. Está claro que no todo es para siempre (...), pero sería poco serio no reconocer que muchas buenas ideas de despegue, sólo quedaron en el hangar. De todas maneras, a pesar de nuestro pequeño mercado, hacemos fuerzas para que algún día el cielo de los habitantes del Uruguay también se torne oscuro, que en este caso, significará alegría para toda la familia de la aviación.