
Lluis Mesalles
Sin hablar del que se lo compró, pero luego no tenía para la gasolina. Pero una de las principales motivaciones para comprarse un lujoso coche, sigue siendo la de poder presumir de él ante los amigos, y en los casos de las ferias de turismo, ante los electores. Suelen terminar siendo caprichos caros.
Pero como los fondos publicos tienen un límite, para poder permitirse estos caprichos, hay que conseguir otros fondos, aunque no siempre se consigan con actividades que tengan relacion alguna con el evento programado. En las ferias de turismo, debemos tener bien claro desde un principio, a quien puede/debe ser últil la feria. Es una feria para profesionales? Es una feria para los consumidores? Es una feria para los compradores? Es una feria para los coleccionistas de gorras, pins y boligrafos? Decidir este aspecto ya es un primer paso dificil, a juzgar por los resultados.
Se anuncian por todas partes ferias "internacionales", con la participación puntual de un par de paises vecinos, que a menudo vienen solo para ocupar espacios libres, y porque les invitaron. Tambien es habitual la feria titulada como "profesional", donde solo van estudiantes locales ávidos de aprender y documentarse (lo cual es muy bueno). Los profesionales del turismo solo van a las ferias que les merecen la pena, donde esperan poder refrescar contactos, iniciar puentes personales, conocer de nuevas estrategias y oportunidades, y evaluar a sus competidores.
Pues bien, acabo de estar en un salon internacional de turismo, al que me cuesta definir. Mi impresión es que se trataba de un escaparate para viajeros, o posibles futuros viajeros. Sino, era dificil comprender la evidente presencia de stands con venta de camisetas, envases plásticos para la cocina, pasteles y embutidos, ollas y sartenes, y sillones masajistas.
En la era de la interactividad electrónica, conviene definir con precisión el objeto de la feria.
Conseguir información se hace mejor y más facilmente por internet.
Comprar camisetas, ollas y sartenes, pronto también.
