
En mayo de 2008, fueron las del Chaitén chileno, hoy, son las del
volcán del glaciar Eyjafjälla, en Islandia, las cenizas que entre otros
perjuicios, hacen abortar de inmediato, toda operación aérea, so pena de
la destrucción de los motores de los aviones.
Salvo escasas y honrosas excepciones en todo el planeta, el transporte aéreo va consolidadndo su calificación de "mal necesario", a la vista de la continuidad de los números rojos en los balances de la inmensa mayoría de las aerolíneas.
En nuestra región, ¿No habrá llegado la hora de pensar seriamente en el transporte terrestre y ferroviario?
Paradojalmente, varias de las principales empresas aéreas regionales gozan de bastante buena salud pero, ¿no les vendría mejor optimizar el nivel de frecuencias?, ¿no serían más redituables con menos vuelos mejor programados y vendidos?.
Indpendientemente de ello, habría que darle una mirada exhaustiva al transporte terrestre y ferroviario en las cercanías.
Por ejemplo, que los países de América encarasen un proyecto conjunto de trenes de alta velocidad, que pudiesen unir por ejemplo, algunos puntos de Brasil con los países con costa al Pacífico, pasando en diferentes rutas por el resto de los territorios centrales ¿es muy utópico?.
Y a la vez, debería encararse con absoluta seriedad y prontitud, el acondicionamiento de las rutas para que los ómnibus de larga distancia, puedan optimizar y ¿por qué no?, adicionar servicios, agrandar su oferta.
Esta mirada al transporte terrestre y ferroviario, sería uno de los gestos más trascendentes que podrían concretar los conductores políticos de los países en favor de la tan difundida y poco concretada, unidad latinoamericana.
Es evidente que en ese contexto, por ejemplo, no podrían existir absurdas e insólitas barreras como la impuesta en las cercanías del Puente General San Martín, que impide el libre tránsito de personas y mercaderías entre Argentina y Uruguay.
¿A alguien se le había ocurrido que en abril de 2010, no sería ni el terrorismo, ni el precio del petróleo el que haría suspender la operación aérea por varios días, nada menos que en Europa, sino las cenizas de un volcán?.
Tal vez, las cenizas del Chaitén y las del Eyjafjälla, tan nocivas para los motores de las aeronaves, puedan ser un positivo punto de partida para el transporte terrestre y ferroviario regional.
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