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Martes, 10 Marzo 2009 05:18

Disputas regionales podrían agudizar la crisis

Donde conflictos hubo, cenizas quedan.

por Pablo Jamett para AméricaEconomía
Santiago. Este lunes el mandatario de Uruguay, Tabaré Vázquez, expresó la molestia de su país por restricciones a las importaciones de productos uruguayos anunciadas por Argentina.

Las controversias diplomáticas y comerciales que se suceden a lo largo y ancho de América del Sur provocarían un clima de inestabilidad que en nada ayuda a enfrentar mejor la crisis global.  

Este lunes el mandatario de Uruguay, Tabaré Vázquez, expresó la molestia de su país por restricciones a las importaciones de productos uruguayos anunciadas por Argentina. En tanto, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, amenazó con medidas de fuerza si Colombia llegase a violar su territorio.

Ambos hechos son sólo la punta del iceberg, en una serie de conflictos que amenazan con reavivar nuevamente focos de conflicto en la región. Declaraciones cruzadas entre vecinos, impasses diplomáticos y medidas proteccionistas están yendo justo en contra de las recomendaciones hechas por la mayoría de los organismos multilaterales.

Para Rodrigo Álvarez, de la Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales (Flacso), la ecuación es simple: “los problemas políticos, sumado al contexto de crisis provocará inestabilidad en la región, justo cuando se debiese tender a crear puentes y no cortarlos, señaló a AméricaEconomía.com.

Mandatarios se muestran los dientes. Para el analista esta es una mezcla peligrosa, sin embargo, los focos de conflicto no llegarán al plano armado. “A diferencia de otras regiones, Latinoamérica ha tenido sólo escaramuzas y muy pocos enfrentamientos bélicos”, señala Álvarez. Agrega el especialista que estamos en presencia de nuevos “choques de fuerzas” y ante lo cuál la evidencia muestra que más allá del movimiento de tropas, se está lejos de llegar a una escalada bélica.

Las declaraciones de Chávez en contra del ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, son una prueba de aquello. El funcionario señaló que atacar terroristas fuera de su país es “legítima defensa”, lo que encendió las alarmas al recordar el episodio en el que tropas colombianas ingresaron a territorio ecuatoriano para capturar a miembros de las Farc. En aquella ocasión, Chávez movilizó tropas a la frontera y rompió relaciones con Colombia, pero tras pocos días de tensiones, el ambiente se calmó. Las relaciones entre Quito y Bogotá aún se mantienen cortadas y sólo ha habido acercamientos menores entre ambos gobiernos.

Los impasses diplomáticos también son un clásico en el Cono Sur. La semana pasada declaraciones del canciller chileno, Alejandro Foxley, sacaron roncha en la clase política peruana, al señalar que “algunos están anclados en el siglo antepasado”, luego que sectores opositores al presidente García pidieran impugnar el Tratado de Libre Comercio con Chile.

“No hay que permitir la injerencia política de nadie. Nosotros (el Gobierno) defendemos el TLC con Chile (y) si el Congreso o alguien ve un efecto que sea anormal para el Perú, que lo diga y lo demuestre. Pero el hecho de que tengamos diferencias en el Perú no significa que vamos a aplaudir las declaraciones de alguien que siempre está declarando muy mal y que no ayuda a la Presidencia chilena”, afirmó el presidente del Consejo de Ministros de Perú, Yehude Simon.

El presidente García, salió rápidamente al paso de las declaraciones cruzadas, poniendo paños fríos al asunto y pidiendo “no caer en el juego”.

Comercio como medida de presión. La actitud de García, más allá de una acción diplomática para bajar la tensión, tiene una segunda lectura: potenciar el desarrollo comercial, más que privilegiar conflictos políticos.

Según Álvarez, de Flacso, en tiempos de crisis, “el intercambio económico puede constituirse en una medida de presión para lograr beneficios”. En este plano entran las acciones gubernamentales de Argentina y Brasil. No por nada, ambos países, conscientes del poder de su mercado y su capacidad productiva eligieron sentarse a negociar ante evidencias de blindaje en ambos países para frenar la entrada de productos de uno y otro país a sus respectivos mercados.

El propio presidente Lula se encargó de evitar el concepto de proteccionismo, al asegurar que la relación entre Brasil y Argentina es “profunda y fuerte”, al punto de permitir “que cualquier divergencia entre los dos países será superada”. Al mismo tiempo, industriales argentinos pedían a la presidenta Fernández adoptar medidas para restringir la entrada en el país de productos "Made in Brazil.  Tal discusión aún sigue en proceso.

Hoy, el conflicto comercial se concentra entre Buenos Aires y Montevideo. Los ministros uruguayos de Economía, Álvaro García, y de Industria, Daniel Martínez, plantearán en Brasil la molestia del gobierno por las restricciones a las importaciones anunciadas por Argentina. En tanto, el presidente de la Cámara de Industrias de Uruguay, Diego Balestra, consideró que las acciones del Gobierno argentino "van contra el espíritu del Mercosur y la idea de un mercado común".

Dicho bloque aún analiza el ingreso de Venezuela, en un caso que integra la variable política y comercial, ya que las características de del proyecto chavista genera anticuerpos en el Congreso brasileño, el cual junto al parlamento paraguayo decidirán la entrada de Venezuela al Mercosur, estancada hace cuatro años.

Días pasados el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado brasileño, Eduardo Azeredo, señaló estar en contra de que Venezuela se una al bloque comercial. “La situación de Venezuela ha empeorado, camina rápidamente hacia un régimen totalitario”, dijo Azeredo, agregando que Caracas no cumple la cláusula democrática del Mercosur.

Ante tal panorama no sería erróneo augurar que la crisis seguirá golpeando con fuerza, en la medida que los países de la región no busquen acuerdos. La cooperación parece ser la receta indicada para potenciar a Latinoamérica ante la tormenta que se avecina.

fuente: AméricaEconomía