De entre los numerosos currículos que teníamos archivados, encontramos uno en el que indicaba como experiencia que había trabajado -también como recepcionista de noche- en el NH Gran Hotel. Al ser de nuestra cadena, la verdad, me emocioné, pensando en el problema que me había quitado de encima si podíamos seleccionar a una persona que ya conocía el programa de recepción.
Con esa emoción le hice la entrevista. El chico me pareció muy buena persona, tranquilo -quizás excesivamente- pero lo consideré una cualidad positiva, eso de no perder la calma en los momentos un poco tensos que pueden surgir (¡y más de noche
!) En lo que no caí, diferencia sustancial entre hoteles, es en que en el NH Gran Hotel siempre hay dos personas en el turno de noche y en el NH Ciudad de Zaragoza iba a estar solo.
Una noche de sábado, a eso de las 3 de la madrugada, todos los invitados de la boda que se había celebrado abandonaron el hotel con el ritmo todavía en sus cuerpos y con ganas de continuar con la fiesta
Fiesta que le debieron contagiar a Juan, ya que empezó a tararear la música. Y le debió parecer que lo hacía bien porque se fue animando y no se conformó con tararearla sino que encendió la megafonía de los salones (ya vacíos) para ver cómo le quedaba la canción Bailar pegados es bailar, igual que baila el mar
. Al darle a la tecla se confundió y, en vez de dar a la megafonía de los salones, le dio a la general del hotel, de uso exclusivo para casos de emergencia en los que es necesario evacuar el hotel
Los clientes, algunos dormidos, otros a punto de hacerlo, no entendían de dónde podía provenir esa música malsonante. Al colapsarse la centralita con las llamadas se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y, como única explicación, se le ocurrió decir que había sido una interferencia de la línea musical... que, por favor, disculpasen las molestias. Los clientes, atónitos, intentaron conciliar de nuevo el sueño.
Fuente: historiasenhoteles