Resulta que Juan era el mozo que ese día también estaba trabajando en el turno de tarde, así que yo le pregunté: -Juan, ¿el mozo?. Como no hablaba español se lo volví a preguntar en inglés y, sin parecer entenderme mucho, asintió con la cabeza y confirmó tajante: -Juan.
Al tener dos edificios, teníamos que localizar a los mozos con un walkie, que además tenía mala cobertura en los garajes y zona de salones. Me estaba costando trabajo localizar a Juan y al señor de origen oriental se le estaba poniendo una cara muy rara, bastante molesto.
Cuando por fin conseguí localizar a Juan, le comenté por el walkie que preguntaban por él en recepción. Al conocer el origen de este señor, Juan se extrañó un poco, pero enseguida acudió a recepción. Cuando llegó, se quedó mirando al cliente y le pregunta: -¿Qué desea?
El señor me miraba a mí, cada vez más enfadado y yo me adelanté a señalarle al mozo y decirle: -Juan. Este es Juan. En ese momento, ya más desesperado que enfadado, sacó de su bolsillo un pasaporte y enseñándomelo me gritaba ¡Juan, Juan!. Cuando me fijé en el pasaporte me dí cuenta de que teníamos una reserva a nombre del Sr. WUAN, ¡¡¡procedente de China!!!
Después de ponerme como un tomate, todo se resolvió asignándole una habitación superior y con la atenta ayuda del mozo (Juan).
Fuente: historiasenhoteles