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Martes, 28 Noviembre 2006 22:12

Como dijo el embajador Rojas a Tinelli: con mi verdad..

Esto es: no sé si - haciendo lo que creo hay que hacer primero- los problemas serán los
mismos, ni -por ende- aplicables las soluciones.

Lo primero que hago es señalar que -más allá de los discursos de pocas
notas, y los esfuerzos por decir cosas que serían deseables pero no son
posibles- el Turismo es estacional y fronterizo por definición; máxime
cuando no se tiene (y es el caso de Uruguay) atractivos con motivadores
verdaderamente fuertes, que obliguen al cliente a tomar decisiones en
contra de su comodidad y/o bolsillo. Si uno tiene un Iguazú, un Machu
Picchu,  un París o una Big Apple, la cosa puede cambiar un poco pero la
tendencia se mantiene. Canadá y México son los principales mercados de
USA, y USA de ambos; Francia y el resto de la Europa cercana de España,
y así casi casi siempre; y nuestro deseo de no tener "bandas negativas"
ni baja estación siempre va a topar con la organización que la sociedad
moderna se dio, donde las vacaciones de verano siguen pesando y mucho en
nuestro comportamiento.

Leo la realidad objetiva: en un radio de 2.000 km. de Montevideo, hay
cerca de 80 millones de habitantes. Sea cual sea el  porcentaje de ellos
que pueda pensar en viajar, conforman una interesantísima e inabarcable
(creo, en las actuales circunstancias) cantidad de potenciales
consumidores de nuestra oferta, para mejor en las mejores condiciones
para venir, que es por tierra o en vuelos cortos, cerca histórica,
geográfica, cultural, afectiva y cambiariamente (perdón por el
neologi-barbarismo).

Desde mi modesto punto de vista, lo que hay que hacer con la dependencia
de nuestros vecinos es aumentarla, llevándola al límite de lo que puedan
dar.  (Nótese que digo vecinoSSSSSS, y que el auriverde elefante dormido
es potencialmente un estupendo socio, con tanta o más potencialidad que
nuestros hermanos de allende el río, y mucho mejor humor, hoy y siempre).

Puede ser necesario aclarar que -cuando digo aumentar- no hablo de la
vulnerabilidad (que hay que analizar aparte), sino de la penetración en
el mercado emisor. No tengo datos a mano en el momento de escribirle,
pero me atrevo a afirmar que no estamos captando siquiera el 15% del
turismo argentino al Exterior, lo cual es de una pobreza inadmisible
para un mercado tan proclive.  Nem falar dos irmaos do Norchi, ¿n'é?

El tema es que se sigue careciendo, en general, tanto en la órbita
pública como en la privada, de un Marketing serio, perseverante y
profesional. Seguimos talenteando, másomeneando, poniendo avisos  que no
dicen nada (cuando ponemos), dirigidos a no sabemos quién ni por qué, 
en medios que no sabemos si son los idóneos (porque ni siquiera tenemos
bien definidos los segmentos a los que apuntamos, ni conocemos su perfil
motivacional, ni casi casi nada). Tiramos tiros en la noche, y -cada
tanto, ni se sabe ni cómo ni por qué- se siente un grito: le dimos a
alguien. Lo malo es que tampoco sabemos a quién, ya que la información
acerca de quienes vienen es más bien poco profunda.

No me quiero extender demasiado, así que dejo para la próxima lo de
PLUNA (merece un capítulo aparte), y adelanto opinión respecto del
turismo masivo y de bajo presupuesto: paso. Ese -si hacemos las cosas
medianamente bien- viene detrás del de los bacanes, que son los que -por
raro que parezca, nos guste su modo de vida, su forma de hacer y gastar
dinero- se empecinan en venir.

Pudiendo elegir (y Uruguay puede, lo aseguro) es mejor agregar valor que
consumidores: está en la tapa del libro.

Un abrazo

Beto