Así hemos estado en diferentes centros operativos de diversos países pero, nunca, en uno de las características del que presentamos en este mismo sitio, hace algunos días, bajo el título Sabre City, Uruguay.
En medio de la recorrida por la planta, en determinado momento, Yannis Karmis hizo referencia a como eran los sectores de reservas y operativos de las aerolíneas, antes de la nueva tecnología.
Ese comentario nos hizo retrotraer en el tiempo y revolviendo en el desván de la memoria nos encontramos con datos que queremos compartir, especialmente con los lectores más jóvenes para que conozcan más de esa época y con los veteranos para que recuerden; en ambos casos, será casi natural, cotejar las diferencias y sonreir...
En una agencia de viajes que operaba grupos a Europa(cuando no existían las mayoristas).
Mitad de la década del 60. El dueño, de profesión abogado, con lapicera fuente (es decir que la cargaba con tinta), en papel avión, escribía cartas manuscritas a cada hotel de cada ciudad que llegaba la excursión; a cada restaurante donde comería el grupo y obviamente, a la empresa de ómnibus que pondría la unidad para el tour, a la agencia receptiva de la ciudad española o italiana en la que descendiese el grupo del barco para que tuviese listo al guía-correo que acompañaría, todo el recorrido a los pasajeros. Ese manojo de cartas, dentros de sobres que lucían el impreso "vía aérea", yo los llevaba al correo, les pegaba los sellos y los despachaba.
Entre mis funciones como cadete estaba también, llevar a cada compañía aérea las fichitas de datos; ir a Carrau, Repremar, Dodero, Italmar o Agenseas (según el vapor), a comprar los pasajes en barco a Europa,
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el Augustus
En esa época predominaba el tráfico marítimo de pasajeros en lo intercontienntal. Los aviones eran a hélice y hacían todas las escalas posibles: San Pablo, Río, Manaos, Dakar y demoraban más de 30 horas en completar la travesía interoceánica.
Cuando estaba en la agencia ayudaba "al" empleado de contaduría y confeccionaba los "reports"(rendición quincenal contable de las ventas de tickets) en máquinas de escribir de carro gigante.
Las planillas de Pan American por ejemplo, eran de un metro por un metro
Aún surcaba el Río de la Plata el Vapor de la Carrera; hacía poco habían dejado de operar los hidroaviones
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El glorioso DC 3
En una aerolínea
Comienzos de los setenta. Yo me sentaba de espaldas al salón de ventas en la sección reservas de Austral.
Como era el más nuevo me ubicaron allí; detrás mío había un ventanal y en la parte de abajo una bandeja de madera en donde los vendedores del mostrador dejaban las fichas con los datos de cada pasajero al que le habían emitido un pasaje.
Por supuesto que trabajaba en una silla fija y darme vuelta cada vez, era todo un tema.
Con la ficha en mis manos, debía buscar una de las 270 planillas de cartulina amarilla que tenía ante mi, en
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Además, atendía cuatro teléfonos negros de aquellos enormes, cada uno con su correspondiente línea, que generalmente, sonaban al unísono, tres telex en la sala contigua y otro teléfono directo con el aeropuerto de Carrasco; en ese contexto, otorgábamos los códigos de reservas compuestos por 6 dígitos: la fecha dividida
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Cuatro de éstos había que atender...
En una operadora mayorista regional
Finales de los setenta - comienzos de los ochenta. Como gran adelanto, habíamos comprado en Brasil un archivador con rueditas, el cual contenía unas cuantas carpetas duras con pestañas de aluminio y una oreja donde se indicaba el servicio y la fecha.
El sector de operaciones era una habitación en la que habíamos colocado una mesa a lo largo de cada pared y sobre ella, cada operador tenía un teléfono una máquina de escribir, una de calcular y otros elementos.
El archivador viajaba por toda la superficie de la habitación.
Dentro de las carpetas, estaba la planilla de control de cada salida; formato librillo tamaño oficio, generalmente de cartulina blanca. En la tapa el nombre de la excursión, el destino y la fecha. En las dos caras interiores el espacio para los datos de pasajeros numerados desde el 1 al 45 (después se fue ampliando) y las casillas correspondientes a nombre y apellido, fecha de nacimiento, número de documento y el clásico "observaciones" que daba para todo.
Cuando se completaba la capacidad y unos días (a veces solo una horas)antes de la salida, en planillas impresas con la ayuda de papel carbónico, se hacían, con máquina de escribir, las listas de pasajeros en
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El legendario y nunca suficientemente ponderado télex
Las reservas y toda la comunicación se hacía a través del telex que no todas las empresas tenían. Era muy común que algún amigo de otra empresa nos cediera la posibilidad de usar el suyo; generalmente era un hotel. Entonces allá iba un funcionario con un cuadernito donde anotábamos el tiempo utilizado y el número al que se había enviado el mensaje para, a fin de mes, hacernos cargo de la cuenta correspondiente cuando llegase la factura. Cuando había respuesta, la telefonista del hotel nos avisaba y allá iba otra vez el funcionario a buscar el mensaje.
Hablar por teléfono era otra historia; hasta que se instaló el DDI, había que hacerlo a través de operadora de la compañía telefónica. Había veces que para hablar con Argentina o Brasil, debíamos esperar más de 24 horas.
En la zona de los lagos del sur, más precisamente en Bariloche, el teléfono funcionaba por radio y se hacía a través del correo. Una Semana Santa, con pasajeros por toda la zona, debíamos comunicarnos con el tour conductor que estaba en San Martín de los Andes para combinar el envío de los pasajes del Vapor de la
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El correo estaba en el Centro Cívico y ahí funcionaba el servicio telefónico